miércoles, mayo 11, 2005

Eter

Estar sedado es lo mas cercano que uno puede estar del paraíso.
Tuve un problema dental hace unas semanas, y la dieta de leche con galletas ya me estaba llegando altamente, y todo porque estaba cuidando esa región sensible de mi diente molar lastimado por múltiples comilonas y poca asistencia profesional (a eso agréguenle el cepillo de adorno que algunas veces me hace chizz desde su cajita)
El doctor (medico cirujano dentista), un tipo regordete, de pelo desordenado, con gafas flojas y dientes de tiburón, me recibió previa cita, aquella mañana fatídica, era la única que tenia libre, y pensé luego que esto pase, dar rienda suelta a mis mas bajos instintos carnívoros (pensaba en el enorme churrasco chorreante de salsa que me comía, y no la pasta de papa y zanahoria pestilente que tenia de dieta), pensaba : que va , un dolorcillo por allí y por acá no me va hacer tanto daño.
Entre al “quirófano”, una especie de portal a lo desconocido en medio de muchas herramientas para producir dolor, y pocas para evitarlo, miré con languidez el balón de éter. Luego de la oscultacion de rigor, el doctor me palpo la muela en cuestión, le quise morder el dedo enguantado pero me contuve, llegó el momento, pensé que me inyectaría lidocaina u otro anestésico, pero para sorpresa mía, me puso la mascarilla de aquel gas, me dijo con una sonrisa tiburonezca : solo por un momentito no mas.
El cielo raso amarillo comenzó a dar vueltas y después de muchas lunas, sentí una tranquilidad que rozaba lo grotesco, pensé que todo esto era una broma, pero a pesar de la bata blanca del doctor y de los balones milagrosos de gas relajante, sentí una sensación de vació, el limite de lo verdadero y lo irreal estaba a la vuelta de la esquina. Y llegue a una conclusión : La muela no existe, el dolor no existe ..... también el doctor no existe y sus balones verdes, ni su consultorio, me abandoné a esa sensación de antigravedad, pero fue momentáneo, salí de mi estado catatónico y me di cuenta que todo había acabado cuando el doctor, con un rictus de alegría me dijo que ya estaba curado, el tapón incomodo me tapaba media cara y la aleación de metal curaba mi molar muerto.

Nota : No es una apología a las drogas o a algo relacionado, simplemente me sumergí en las experiencias oníricas del gas sedante, por siempre estaré agradecido yo y mi muela. Por favor chicos, no lo hagan en casa.

7 Comments:

At 9:34 p. m., Blogger Kat said...

Leyéndote recordé lo jodido que es coger un cepillo y rocearlo de pasta dental

 
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